El martes 3 de noviembre fue inaugurado el XIII Congreso de la Organización de Ciudades Patrimonio Mundial. Este evento, que se realiza cada dos años en diferentes ciudades que tienen el título de Patrimonio de la Humanidad, tuvo como sede nuestra ciudad. Unas 500 personas provenientes de las 170 ciudades se dieron cita para dialogar, exponer, proponer y promover proyectos e ideas producto de la investigación y sobre todo de la puesta en marcha de políticas para la conservación y gestión del patrimonio cultural.
El tema que abordaron este año ha sido la “Resiliencia”, término que se puede definir como la capacidad de un sistema para responder de manera flexible a cambios de situación (paso del tiempo, riesgos naturales, conflictos armados, así como los efectos de los cambios sociales o económicos) sin transformarse en un estado distinto.
En este punto destacaron tres ciudades: Oaxaca (México), Valparaíso (Chile) y Córdoba (España), que presentaron no solo proyectos puestos en marcha sino indicadores positivos de políticas aplicadas en torno a la administración de su patrimonio que involucran a los ciudadanos.
Oaxaca: la ciudadanía
Históricamente Oaxaca ha sido epicentro de innumerables desastres naturales: terremotos, huracanes y lluvias. Estas últimas terminaron en graves inundaciones como la ocurrida en 1969 que destruyó gran parte de esta ciudad y deterioró considerablemente el centro histórico. Las casonas quedaron derruidas, muchos perdieron su hogar y la ciudad fue declarada en alerta nacional.
La situación hizo que las autoridades decidan evacuar a las personas que habitaban el centro histórico pero éstas se opusieron. Fue gracias a esa “desobediencia” que las casas empezaron a ser reconstruidas poco a poco por sus mismos habitantes. Estos datos fueron destacados por el arquitecto mexicano especialista en conservación del patrimonio, Gerardo José Corres Tenorio, en su ponencia titulada “Unidad ciudadana de gestión patrimonial”.
Corres Tenorio puso a Oaxaca como ejemplo de la necesidad que tiene un centro histórico de ser habitado por familias. “Los ciudadanos son indispensables para la preservación del patrimonio cultural”, dijo al momento de explicar el proceso de recuperación de la zona monumental de esta ciudad mexicana.
“El tema de la conservación de la cultura tangible no es un tema de análisis, es un tema de acción. Se pueden formular miles de planes, pero si no son operativos, en la práctica pierden por completo su razón de ser. Una pequeña acción es mucho mejor que la más grande de las intenciones”, enfatizó.
Sin miedo a represalias políticas, Oaxaca ha salido del sistema tradicional de financiamiento de obras en México y ha centrado la recuperación de su centro histórico —fundamentalmente de sus casonas— en el autofinanciamiento.
De esta manera, la municipalidad mantiene alianzas con los ciudadanos que habitan el centro histórico y les otorga préstamos sin intereses para que reconstruyan sus viviendas respetando las normas de estilo y cuidado que se debe tener en toda zona monumental.
“No se puede producir un cambio eficaz que involucre el sentido de concientización de la ciudadanía si no hay un enfoque de gobernanza transversal, así como políticas públicas y privadas que encaucen el verdadero fin de la administración pública, que es la de servir más y mejor”, señaló el arquitecto.
Valparaíso: la resiliencia
Terremotos, inundaciones e incendios, han azotado a Valparaíso, en Chile, durante muchos años. Además, en palabras de Paulina Kaplan, Coordinadora Regional de la Organización Mundial de Patrimonio Cultural (OVPM por sus siglas en francés), esta ciudad está ubicada
en una zona geográficamente complicada.
La historia del puerto chileno no ha estado libre de catástrofes. Además de los terremotos de los últimos años, los lugareños recuerdan con dolor el incendio ocurrido en abril del 2014, el más grande en la historia urbana de Chile, que dejó 15 muertos, 12 mil 500 personas damnificadas, más de 500 heridos y 2900 viviendas destruidas.
¿Cómo se recupera una ciudad patrimonio luego de tamaño desastre? Kaplan dice que la respuesta está en que Valparaíso “es una ciudad resiliente”. “Después del incendio se desplegó todo tipo de ayuda, primero a la población y luego se estructuró un plan para sacar de las cenizas todo el legado cultural que también se vio involucrado; nuestro puerto también es sede de innumerables transacciones comerciales, por lo que el plan era complicado”, destacó.
“Si bien muchas cosas no se recuperaron, en contraposición se visualizaron nuevos proyectos, como la creación de parques y lugares de esparcimiento, observatorios, etc.”, puntualizó.
A partir de la colaboración de la gente, los impactos positivos se multiplicaron, logrando después de un tiempo revitalizar el puerto para fines turísticos convirtiéndolo en una fuente de ingresos que estimula la economía local de pequeños, medianos y grandes comercios o proveedores de servicios, así como los cerros aledaños convertidos en pre-
dios urbanos.
Córdoba: la adversidad
Esta ciudad no es ajena a los problemas que afectan a España hoy en día. Según Rosa Lara, arquitecta de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) y Coordinadora de los trabajos de gestión del Casco Histórico de Córdoba, “la crisis ha mermado de forma horizontal varios sectores —por no decir todos— de la administración pública española”. En esas condiciones, que incluyen los escasos fondos entregados por el gobierno central, es difícil gestionar el cuidado de una ciudad patrimonio, sin embargo, los cordobeses lo han logrado.
Lara contó que cada año se hacen denodados esfuerzos de parte de todas las autoridades para poder destinar más dinero para la preservación del patrimonio cultural. Isabel Ambrosio, alcaldesa de Córdoba, amplió la explicación: “Todos los ayuntamientos queremos cuidar más y mejor nuestro casco histórico, pero también hay necesidades humanas que debemos atender y estas siempre son preponderantemente más importantes”.
“Por ello a través de la planificación, coordinación, investigación, formación, comunicación, difusión y sobre todo desde la participación activa de los ciudadanos, se han planteado una serie de estrategias para desarrollar proyectos del máximo impacto con el menor costo posible”, apuntó la autoridad. En Córdoba se busca dar realce a muchas áreas del casco histórico que se vieron deterioradas ya sea por el tiempo o la inclemencia de la naturaleza o por la mano del hombre.
Y pese a no tener disponibilidad económica para pavimentar con cemento y concreto muchas calles, rotondas y paseos, decidieron apelar a la naturaleza y escogiendo piedras de formas especiales, parcharon, remodelaron y hasta reconstruyeron muchos sitios deteriorados, lo que provocó dos impactos positivos: la utilización de recursos naturales para reconstruir parte del casco histórico y la generación de nuevos puestos de trabajo.
Asímismo, se refaccionaron casonas que posteriormente se convirtieron en museos en donde se exponen los trabajos de los alumnos de las facultades de arte o se realizan cursos de capacitación en temas históricos y/o artísticos. También se han promovido concursos para niños y jóvenes con temas relacionados al cuidado del patrimonio, lo que ha generado interés por conocer la cultura propia y sobre todo por preservarla. Hoy Córdoba, en España es una ciudad cuyas tareas de cuidado de patrimonio son completamente autosostenibles.
Desorganización, una nota aparte
Mundial de Ciudades Patrimonio es un evento que pone en vitrina a nuestra ciudad, este no contó con una organización a la altura de lo que se esperaba. Solo en la ceremonia de inauguración se pudo notar que, pese a tener la presencia de alcaldes, especialistas y representantes de UNESCO que no hablan castellano, el sistema de traducción brilló por su ausencia.
La misma desorganización se dio a la hora nombrar a las autoridades. La gobernadora Yamila Osorio puede dar cuenta de eso ya que terminó relegada a la zona del público. Tampoco fue mencionada por los maestros de ceremonias. Nota desaprobatoria para el sistema de protocolo. En un momento de la inauguración la plaza quedó a merced de la gente. Tan solo dos agentes policiales intentaban controlar el desorden. El público pudo más, burló las vallas de metal e ingresó al evento, maltratando parte del mobiliario empleado por los participantes.
Otro aspecto criticado fue la iluminación de los portales que para muchos entendidos en la materia, desfavorecía por completo la vista del sillar limpiado con esfuerzo para la ocasión.
El mismo panorama de descontrol se presentó en el Centro de Convenciones de Cerro Juli, donde a falta de buenos técnicos, los mismos ponentes subieron al estrado general a tratar de resolver los problemas de sonido y de transmisión de sus diapositivas. Incluso uno de ellos se retiró en plena ponencia.
Lo mismo pasó en los talleres juveniles. Los videos no tenían audio y los muchachos trataron de resolver el tema sin contar con el apoyo de la organización. Las pésimas traducciones en las ponencias dictadas en idiomas distintos al castellano obligaron a muchos de los asistentes de habla hispana a quitarse los audífonos por la pésima interpretación del contenido real de la conferencia. Algunos decidieron abrir su lap top para hacer su check list de avión y otros simplemente se fueron.
Suscríbete y forma parte
de nuestra comunidad de lectores